Greluca

Cómo elegir tarimas de madera para huertos en azoteas urbanas

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Diez centímetros es la distancia que decide si una tarima de madera aguanta tres temporadas de lluvia en una azotea o se deshace en la primera. Llevo suficientes sábados moviendo tarimas de madera por la escalera de caracol de mi casa en Coyoacán para saber que un huerto urbano de azotea perdona pocos errores, y el que más se repite es pensar que cualquier paleta rescatada de la calle sirve igual que otra. La jardinería de azotea tiene su propia física, y la madera es justo donde más gente se tropieza sin darse cuenta.

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El mito que le sale caro a cualquier huerto de azotea

El mito más caro que he visto repetirse entre quien arma su primer huerto en la azotea es pensar que la madera "es toda igual" si al final va a llevar tierra encima. No lo es, y cuesta caro descubrirlo tarde. Mi amigo Leobardo, que dejó la agencia de publicidad para trabajar desde casa, se compró el kit de jardinería más caro que encontró apenas empezó, y aun así me manda fotos cada semana preguntando por qué su primer intento se ve raquítico — el problema nunca fue cuánto gastó, fue no fijarse en qué sostenía todo lo demás.

Las tarimas que ves tiradas afuera de un taller mecánico o una bodega no son un regalo, son una apuesta. El aceite de motor se mete en la fibra de la madera y de ahí pasa al sustrato, y no hay barniz "ecológico" que lo saque una vez que se filtró. Si vas a cultivar algo que después te vas a comer, ese tipo de tarima queda descartada antes de subirla a la azotea, por más gratis que haya sido.

¿Qué significan en verdad los sellos HT, MB y DB?

La norma que de verdad importa se llama ISPM 15, grabada directamente en la madera como una especie de pasaporte. El sello HT (heat treated, tratada con calor) es el que quieres ver: significa que se eliminaron plagas con calor y no con químicos, así que es segura para un huerto del que vas a comer. El sello MB, en cambio, avisa que la tarima se fumigó con bromuro de metilo, un pesticida bastante agresivo — esa se queda donde está, ni para exhibir macetas vacías la subo. Y si ves DB, quiere decir que le quitaron la corteza, lo cual ayuda contra ciertos bichos, pero por sí solo no garantiza nada si no viene acompañado del HT.

Sello HT de tratamiento térmico grabado en una tarima de madera para huerto de azotea

Si la tarima no trae ningún sello visible, mejor trátala como si fuera de un solo uso. Suele ser pino más delgado, pensado para aguantar una carga y desarmarse, no para sostener macetas grandes temporada tras temporada.

Cuánto pesa realmente una tarima cargada de sustrato

Un europalet estándar mide 1200 por 800 milímetros, que en foto se ve chico hasta que lo llenas de tierra. La capacidad de carga en azoteas residenciales — sobre todo en casas viejas de Coyoacán o edificios de los setenta — suele rondar los 150 kilos por metro cuadrado, y un bulto de sustrato de 50 litros bien empapado después de una lluvia fuerte pesa mucho más de lo que cualquiera calcula a ojo.

El plástico grueso del costal truena seco apenas le metes las tijeras para abrirlo, y ahí uno recién empieza a sentir cuánto va a pesar de verdad lo que está por subir a la azotea.

Manos revisando el sustrato de una cama de cultivo construida con tarimas de madera

Ese cálculo cambia según cuánto drene la mezcla. Un sustrato que retiene agua de más no solo pesa, también ahoga la raíz, así que el drenaje dentro de la maceta influye en la decisión tanto como la tarima misma. Y si tienes duda de cuánta agua está cargando tu sustrato en un momento dado, medirla en vez de adivinar te ahorra más de un susto, aunque ese tema da para su propio texto.

Para no forzar la estructura, dejé de rellenar la tarima completa y empecé a usarla solo como base para macetas o cajones más chicos, así el aire circula por debajo y el peso se reparte mejor. El curso de HUERTOS ORGÁNICOS tiene un módulo sobre mezclas ligeras que me dio un par de ideas antes de que terminara enfocándome más en las kokedamas.

Separar la tarima del piso: la regla que nadie respeta

Aquí está el error que veo más seguido, incluso en gente que ya sabe leer los sellos: apoyar la tarima directo sobre el piso de la azotea. La madera se pudre de abajo hacia arriba cuando queda en contacto constante con el piso húmedo, no tanto por la lluvia que le cae encima. Separarla del piso al menos 5 a 10 centímetros — con tacos de ladrillo, pedazos de caucho reciclado o lo que tengas a mano — prolonga su vida útil de forma considerable, y es prácticamente lo único que hay que resolver antes de poner la primera maceta.

Ese espacio libre también ayuda si manejas las plagas de forma orgánica: sin ese hueco para ventilar, cualquier control natural que uses pierde fuerza porque la humedad atrapada es un criadero por sí sola. Y si tu azotea recibe sol de sobra, dónde tiendas la malla de sombreado pesa casi tanto como dónde apoyas la tarima, aunque esa ya es otra decisión aparte.

Mantener la madera viva más allá de la primera temporada

El sol de julio en una azotea no perdona la madera sin tratar. El pino natural expuesto a la lluvia de la ciudad rara vez pasa de dos temporadas sin algún tipo de protección. Antes de tener las tarimas bien elevadas, probé un sistema de riego por goteo manual que se atascaba cada semana sin falta, así que terminaba regando a mano de cualquier forma, y entre el mantenimiento de la madera y el sustrato que había que reponer, mi "ingreso paralelo" se me iba en puros materiales.

Una pasada de aceite de linaza cada cierto tiempo, sin sellar los poros por completo, es lo que le ha funcionado a mi madera. Los barnices plásticos se descascaran con el sol y terminan soltando microplástico justo en el sustrato donde menos lo quieres. Lo que sobra de poda o de sustrato viejo no va a la basura. Hacer composta en un espacio reducido es perfectamente posible arriba de una tarima que ya no uso para macetas, aunque ese proceso merece su propia explicación.

De la cama de cultivo a las kokedamas

Entre armar camas de cultivo y cargar bultos de sustrato, las kokedamas empezaron a ganarle terreno a las tarimas grandes en mi azotea. Son ligeras, no piden una estructura de madera masiva, y en el tianguis se venden casi solas nada más con exhibirlas bien.

Kokedamas mexicanas exhibidas sobre una tarima de madera recuperada antes de venderse en el tianguis

Todavía se me queda la sensación de la primera kokedama que saqué de su remojo bien lograda: pesaba distinto, fría y compacta entre las manos, nada que ver con las bolas ligeras y quebradizas de mis primeros intentos, que se me deshacían apenas una clienta las tocaba. El musgo sphagnum de buena calidad no siempre es fácil de conseguir en la ciudad. El ciclo de remojo que le das a cada bola cambia según qué tan compacto haya quedado ese musgo. Estos son dos temas aparte.

No todo mundo tiene azotea para esto. Quien depende de luz artificial para plantas de interior en un depa sin balcón libra una guerra bastante distinta a la mía; ahí ya ni tarima entra en la conversación. Si te interesa el lado más rentable sin cargar palets de una tonelada, el curso El Negocio de las Kokedamas se enfoca más en cómo cobrar talleres y vender en ferias barriales que en la técnica desde cero, y los materiales que pide se consiguen sin mucho problema en la mayoría de jardineras urbanas.

Lo que se vende en el puesto del tianguis

En el Mercado de Jamaica, los sábados, uso las tarimas más chicas nada más para exhibir. Ahí se nota rapidísimo qué tan bien presentada está una kokedama frente a las que están amontonadas en una caja.

Puesto de tianguis con tarimas de madera exhibiendo kokedamas y ensaladas de cosecha propia

Crispín, que ya es cliente fijo de mi puesto, una vez me contó que nunca ha matado una planta en su vida pero tampoco sabe explicar bien por qué; ese sábado se llevó dos kokedamas nada más por cómo se veían paradas sobre la madera recuperada. Escalar de ahí a vender un poco más cada semana fue cuestión de tener dónde exhibir, no de tener más plantas.

Si apenas estás empezando, no te compliques con estructuras monumentales. Busca una tarima con sello HT, sepárala del piso, y a partir de ahí decide si vas por camas de cultivo con mis semillas de hortalizas fáciles o por algo más liviano. Mi guía sobre los mejores sustratos para kokedamas te puede dar una idea de qué mezclas no pesan tanto. La azotea te va a ir diciendo qué aguanta antes de que el administrador del edificio lo haga por ti.

Es hora de dejar de improvisar con lo que te encuentres en la calle. Si quieres saltarte buena parte de la curva de ensayo y error que a mí me tomó varios sábados y sustratos perdidos, y empezar a ver esto como negocio desde el primer fin de semana, dale un vistazo a la formación que se enfoca en vender kokedamas, no solo en armarlas. Nos vemos en el tianguis.

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