Acerca de Huerto de Taller
La primera kokedama que vendí en el tianguis duró un día en manos del comprador. Me escribió por la tarde: la había apoyado en un estante en vez de colgarla, y el musgo quedó aplastado en una esquina. Le devolví el dinero, le mandé las instrucciones de rescate, y aprendí más de eso que de cualquier tutorial que había visto hasta ese momento.
Soy Pamela Toledo. Mis treinta los pasé en publicidad para una distribuidora de bebidas en la Ciudad de México. Cuando llegué a Coyoacán en 2020 con una azotea a medio terminar y sin horario de oficina que respetar, empecé a apilar pallets y tierra ahí arriba para tener algo que no me mandara notificaciones a las nueve de la noche. Para 2022 tenía unos camellones andando y había aprendido kokedamas de una vecina. Para 2023 ya las vendía en el tianguis del barrio los sábados, con bolsas de ensalada del huerto al lado.
No soy agrónoma ni tengo ningún certificado de horticultura. Soy autodidacta que ha pagado y abandonado varios cursos en línea, con comprobantes a medias que lo comprueban. Lo que escribo en este taller son apuntes de lo que realmente probé en mi azotea, filtrado por una sola pregunta: ¿aguantó la técnica tres sábados sin que yo estuviera encima de ella todo el tiempo?
Si buscas una experta con credenciales, estas páginas te van a decepcionar. Si buscas a alguien que ya quemó el tiempo averiguando qué cursos tienen un buen ratio de información útil por hora invertida, aquí es.
La trayectoria completa está en la página del autor.
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